México viene de un conflicto armado no bélico de tres décadas, es decir,  una guerra prolongada y de intensidad variada, hecha de miles de enfrentamientos diseminados en los municipios con escaladas cotidianas de violencia entre grupos armados organizados de manera paramilitar por el control territorial y el despliegue de la actividad económica extractivista ilegal o a la sombra de empresas multinacionales; desplazando, despojando, robando, torturando y desapareciendo población, ocupándola como trabajo esclavo forzado o sujeta a extorsión, aplicando puntual las medidas de la Operación Cóndor para reprimir la movilización popular y diluir así las protestas contra la política neoliberal impuesta desde Washington.

No es casual que el inicio de la violencia sistemática y cruel coincida con el agotamiento del modelo de justicia social del estado de la Revolución Mexicana y la aplicación del modelo de privatización de lo público, el control salarial y el desmantelamiento de las instituciones económicas, educativas, securitarias, culturales, hospitalarias y municipales para reducirlas a simples privilegios de las élites dominantes.

Los municipios son capturados mediante deudas bancarias contraídas por los gobiernos de la derecha a través de abusivos fideicomisos, alianzas público-privadas fraudulentas y concesiones ventajosas para convertir un derecho humano o un bien público en mercancía. De modo simultáneo, lo común es sitiado por las redes de economía criminal para sostener por la fuerza ese orden injusto de cosas y extraer más renta del territorio. Frenar este doble proceso privatizador, llevará tiempo y enfrentará resistencias y movilizará luchas populares por recuperar lo común. Revertir los efectos del acotamiento panista de las capacidades técnicas, financieras, humanas y operativas es ya una labor ineludible y de largo plazo en el municipio mexicano.

Hoy la transformación del país pasa por la urgente pacificación de los municipios. 

 


¿Por qué razones? Porque en México hay dos proyectos de Nación en lucha política, el proyecto de las élites neoliberales que no ha terminado de irse y el proyecto de bienestar con democracia popular que aún no está consolidado.


 

Uno. Construir paz es comprender que el sentido del tejido territorial del municipio es la comunidad. Las secuelas de la violencia desatada por la derecha neoliberal hoy deben ser sanadas y resarcidas casa por casa, calle por calle. Prohibido olvidar a los culpables del mal que, por salvar la opulencia de las élites financieras, hundieron a millones de familias de la clase trabajadora en la indigencia.  

La cohesión social fue rota a causa de la pobreza salarial y la desinversión en lo social dizque para crecer con estabilidad y sin crisis. No solo las colonias, pueblos y villas periféricas fueron sometidas a la precarización neoliberal sino también las unidades habitacionales, residenciales y fraccionamientos fueron a travesados por las violencias, el abandono y la reducción del ingreso familiar. 76% de la población del país en pobreza y 20% en pobreza alimentaria fue el saldo final neoliberal en el año 2017, a un ritmo inmoral de casi 2 mil mexicanos pobres cada día, con 7 de cada 10 hogares en situación de violencia intrafamiliar y más de 120 mil personas desaparecidas no localizadas. Todos atados a las lógicas hobessianas del momento pre político del mal: el hambre, el egoísmo y el miedo a la muerte violenta.

Dos. Construir paz es transformar el gobierno municipal justo ahora. La conflictividad vecinal sin mediaciones comunitarias fluye con la criminalidad organizada y explota fácilmente por miles de casos individualizados abrumando a las policías locales, diferencias personales de convivencia sin agencia y gestión escalan de las ofensas a los golpes. La precariedad material destruye la subjetividad política. Hay que serenar las calles, tener un nuevo urbanismo y reconstruir las capacidades de mediación municipal: nuevas políticas de bienestar, prevención y cultura comunitaria para unir los vecindarios, modelos de intervención territorial donde el centro sea el pueblo que habla y el gobierno escucha y entiende obedeciendo, programas de atención a las causas que generan violencia y acciones para mitigar la percepción de inseguridad como la falta de luminarias, parques recreativos sin mantenimiento, calles con baches y arbolado sin poda.  Solo una calle con infancias jugando es una calle segura para todos.

Tres. Construir paz implica integrar el territorio y el gobierno en una comunidad. La forma de agencia inmediata es el contacto vecinal, la proximidad entre el orden efectivo de gobierno municipal y el pueblo en el espacio público: ocuparlo desde la palabra, el amor, la alteridad y el respeto; tomar la calle para cambiar el miedo por la esperanza; hacer una acción comunicativa de escucha ética activa sobre las razones, emociones y experiencias de las personas que habitan el ahí para llevarlo a un acuerdo colaborativo y razonable de política pública comunitaria hecha por todos en el territorio. Explicando que es factible y que no es posible dadas las debilidades institucionales del municipio mexicano, apuntalando siempre que la voluntad popular es el origen de las transformaciones y que la participación vecinal es la única fuerza capaz de pacificar el país, calle por calle. 

Cuatro. Construir paz es cambiar el modelo gerencial panista del pasado por un nuevo modelo de gobierno popular participativo, desde abajo y situado en lo territorial. Hay que asumir en la 4T que el neoliberalismo continúa como programa operativo, manual, práctica y marco referencial en las administraciones municipales de izquierda pagando deudas bancarias, fondeando fideicomisos privatizadores y limitando los derechos del pueblo con narrativas técnicas anidadas en “la salud financiera” que soslayan la dignidad humana. Y desechar ese modelo gerencial implica desmontarlo pieza por pieza: cambiar los sistemas programático-presupuestales para hacer que el común tenga suficiencia operativa y el poder suficiente de emplazar a las burocracias conservadoras al tiempo de hacer territorio con los servidores del pueblo, hacer un nuevo sentido común y así re-vincular las peticiones comunitarias en el gasto público municipal, porque para nosotros, en la izquierda de la Revolución Mexicana, el pueblo manda.

Cinco. Construir paz es construir un común, darle la vuelta a ese modelo privatizador de lo público que la derecha ha normalizado en los municipios, desde el agua potable hasta los servicios urbanos, para restituir las capacidades del orden de gobierno municipal del Estado a favor de la gente. De eso trata hoy transformar el presente y no solo administrar las inercias perniciosas de la guerra calderonista. 

Es una misión moral hacer que todos cuidemos de todos.

Es una responsabilidad histórica con el futuro de la República. 

Sin paz no hay común.

“La paz solo será una cosa deseable cuando exista la igualdad”

Ricardo Flores Magón



Oscar Juárez Domínguez. Peatón, politólogo y unamita. Toma tu calle.