Hay prácticas que pasan de generación en generación sin perder su sentido. Una de ellas es el ayuno. El ayuno inició como un acto profundamente espiritual, un tiempo para detenernos, escuchar con atención y mirar hacia adentro. Fue considerado una pausa sagrada en la que buscamos claridad, dirección y fuerza.
Sin embargo, lo interesante es que hoy la ciencia comienza a respaldar algo que, desde hace siglos, ya vivíamos como una experiencia de sanación espiritual, se pensaba que ayunar era parte fundamental para la sanación del alma, y hoy, la ciencia nos afirma que también restaura el cuerpo.
Ayunar no es simplemente “no comer”. Es darle un descanso al cuerpo, a la mente y al corazón.
Cuando dejamos de ingerir alimentos por un periodo controlado, el organismo entra en una fase de reparación llamada autofagia. Podríamos imaginarnos esto como una limpieza interior en donde el cuerpo necesita momentos donde no esté ocupado digiriendo para poder revisar lo que está pasando dentro. Durante esta fase, el cuerpo identifica células dañadas, proteínas envejecidas y residuos que se han acumulado, y comienza a descomponerlos y reciclarlos. Es literalmente un proceso de restauración interna. No lo sentimos de inmediato, pero sí lo notamos después, tenemos más energía, digestión más ligera, claridad mental y una sensación de ligereza emocional.
La ciencia también ha observado algo más, cuando el cuerpo entra en ayuno, las células sanas se vuelven más fuertes y resistentes, mientras que las células dañadas se vuelven más vulnerables y fáciles de reparar. Es como si el cuerpo supiera distinguir lo que debe conservar y lo que debe dejar ir pues nuestro cuerpo tiene inteligencia y memoria. Por supuesto, esto no significa que todos debamos ayunar de forma rígida o extrema. El ayuno no es para “demostrar fuerza”, ni es una dieta de moda, ni es una lucha contra uno mismo. Es un acto de escucha. Una forma de decir, voy a darle al cuerpo espacio para sanarse.
Lo ideal, especialmente para quienes no están acostumbrados, es comenzar con pasos sencillos. Por ejemplo:
* Dejar un espacio de 12 horas entre la última comida del día y la primera del día siguiente.
* Evitar alimentos procesados durante ese periodo.
* Beber suficiente agua.
* Hacerlo siempre desde la calma, no desde la presión.
También es muy importante que, si una persona tiene alguna condición médica, toma medicamentos, está bajo tratamiento o ha tenido dificultades con su relación con la comida, debe consultar a un profesional de salud antes de practicar el ayuno. El objetivo siempre es cuidarnos, nunca dañarnos.
La importancia de ayunar mas allá de las creencias religiosas, tiene múltiples beneficios para el cuerpo y la mente, este hábito debería ser parte esencial de la conducta humana de manera periódica para reestructurar nuestro cuerpo.