Ariadna Montiel y el reto de buscar en las bases

La llegada de Ariadna Montiel a la presidencia de Morena abre una etapa que no es solo de relevo, es de definición. En un partido que ha crecido de forma acelerada, la pregunta ya no es cómo expandirse, sino cómo ordenar lo que se construyó. En ese proceso, el control de candidaturas se vuelve el punto más sensible.

Montiel, junto con Citlalli Hernández, ha planteado una línea que parece clara en el discurso. Evitar la incorporación de perfiles con reputación dudosa y regresar a una lógica donde las bases tengan un papel más relevante en la selección de candidaturas. La intención es evidente, fortalecer la identidad del movimiento y reducir el peso de quienes ven en Morena una plataforma electoral más que un proyecto político.

Este planteamiento tiene un peso importante. Durante los últimos años, uno de los principales cuestionamientos hacia el partido ha sido la apertura a figuras que llegan desde otros espacios con dudosa reputación y, sin necesariamente compartir trayectoria o convicción del movimiento. En ese contexto, hablar de candados no es solo un ajuste administrativo, es un intento por redefinir quién puede representar la ideología.

La idea de voltear a ver a las bases también tiene implicaciones importantes. Significa, en teoría, abrir la puerta a perfiles que han estado dentro del proyecto desde su origen o que han construido su presencia desde abajo. Ahí es donde empiezan a aparecer nombres que encajan en esa narrativa. Perfiles jóvenes, con historia dentro del movimiento, que no dependen únicamente de la marca para posicionarse.

Casos como el de Rodrigo Abdala en Puebla, se vuelven relevantes en este escenario. No solo por ser fundador y tener trayectoria dentro del movimiento, sino porque ha construido bases reales a partir de su trabajo, lo que le da una legitimidad distinta frente a otros perfiles que dependen únicamente de su visibilidad.

 


Sin embargo, la implementación será el verdadero reto. Poner candados en el discurso es una cosa, aplicarlos en la práctica es otra. La presión electoral, la necesidad de competir en distintos territorios y la lógica de ganar elecciones pueden tensionar esa intención inicial. La historia reciente muestra que los principios suelen enfrentarse a decisiones pragmáticas cuando se trata de competir.


 

También hay un elemento político de fondo. Limitar el acceso a quienes buscan entrar por la marca implica cerrar espacios a perfiles que, aunque cuestionados, pueden tener capital electoral. Esto puede fortalecer la identidad del partido, pero también puede generar conflictos internos y disputas por el control territorial.

Al final, la llegada de Montiel no solo redefine liderazgos, redefine prioridades. La apuesta por las bases y por perfiles con trayectoria dentro del movimiento marca un giro en el discurso. La pregunta es si ese giro se sostendrá cuando llegue el momento de tomar decisiones concretas, y si los candados realmente impedirán la entrada de perfiles oportunistas o terminarán cediendo ante la presión electoral, en contraste con figuras como Rodrigo Abdala, que además de ser fundador y tener trayectoria, ha construido bases sólidas desde el trabajo territorial.



Guillermo Gutiérrez Ortega. Candidato a Doctor en Ciencias de Gobierno y Política. Instituto de Ciencias de Gobierno y Desarrollo Estratégico.