De los tigres del norte, hemos aprendido mucho, de entre todo ello, la traición cuando nos cuentan la historia de Emilio Varela y Camelia la Tejana, trágico final.
¿Cómo se entiende una traición? Para hacerlo hay que entender su antónimo, la lealtad, y entonces preguntarnos, ¿Qué es la lealtad?, de bote pronto, se puede confundir con la obediencia, con la complicidad, el silencio, la tolerancia, en el encubrimiento; no es así, la lealtad etimológicamente tiene que ver con estar de acuerdo a la ley, entonces la lealtad no tiene relación con la fidelidad a una persona, sino a una categoría moral intrínseca en nosotros desde donde entendemos el cumplimiento con la ley, la norma, e incluso lo “bueno”. Ser firmes a nuestros valores, y conjunto de criterios, e incluso a un proyecto en el que participamos, es decir, aquellas que pugnamos por el ejercicio de los Derechos Humanos, somos leales a los propósitos que tengan que ver con ello, con alcanzar el acceso a la justicia, a la reparación de daño etc.
En ese sentido, cuando nos encontremos en una conflicto moral, fácilmente podremos decantarnos por la lealtad como conjunto axiológico y no así a una persona, por eso creo que es equivocado pensar que existe traición cuando se pone en medida de elección de personas, es más que eso, incluso cuando se aparta de ciertos proyectos, pero insisto, la lealtad y la traición en consecuencia, no giran sobre una persona, eso es una distorsión, obediencia; la lealtad y la traición giran en torno a sí mismos, siempre que seamos leales a nuestros principios, no existe la traición, por lo menos no la que entendemos cotidianamente como ¿estás con limón o con sandía?
La lealtad nos da dignidad, nos hace libres, la ruptura de esta, conlleva a la traición, pero insisto nada tiene que ver una persona, sino el conjunto axiológico que nos llena, creer que la traición gira en torno a una persona, es una visión reducida, una falta de comprensión.
En términos prácticos, uno puede decidir construir lealtad con base en el proyecto de una familia, del conjunto de valores que hay en ese núcleo, no así en torno al cónyuge, puesto que si de esa manera fuera, el cónyuge podría incumplir con su deber alimentario y estaríamos atadas de manos al exigir pensión alimenticia por no caer en la traición hacía él, la persona, la idea es contraria, si decidimos no exigir alimentos, obedecer al cónyuge, sería una traición al proyecto inicial, en este caso la construcción de una familia.
Es así, por eso me parece peligroso usar la palabra traición para quien no traiciona y lealtad, para quien sólo obedece, como he tratado de darme a entender en las líneas previas, estos conceptos no giran en torno a una persona, cuando se decide estar en un proyecto, una relación, se decide ser leal al conjunto entero, la lealtad o la traición no se refleja tampoco en palabras, sino en las conductas reales que tenemos, en estar involucrados, en dar de sí, en creer. No en decir.
No se sorprenda próximamente, en política no existen traiciones, hay lealtades a proyectos propios, es decir, el clasista, siempre será clasista, ahí se encuentra su lealtad en el prevalimiento de su estatus, la traición no se trata de personas, de palabras y bueno mucho menos en cambiar el color de chaleco.