8M: El valor invisible de la “normalidad”

Cada año, el 8 de marzo las redes y el internet se inunda de estereotipos superficiales, es decir, dichos y frases que sólo refuerzan los clichés sobre el movimiento feminista. Por cada publicación que intenta atenuar el panorama sobre las cifras de la violencia en contra de las mujeres los números nos muestran una realidad desagradable. La igualdad, el derecho y la lucha son objetivos alcanzables, siempre y cuando la sociedad reconozca la lucha, el esfuerzo que diversas mujeres han hecho, y no como un regalo que ciertos sectores ofrecen.

El 8M (Dia Internacional de la Mujer), deja de ser solo una fecha en el calendario para convertirse en tendencia. La brecha salarial, según el Foro Económico Mundial, al ritmo actual, se requieren 131 años para alcanzar la igualdad de género a nivel mundial. La lucha actual no es solo por el voto o el trabajo, es por el derecho al tiempo y a la autonomía plena.

 


Nacido de luchas obreras, de huelgas y protestas de mujeres que apelaban condiciones laborales dignas y derechos básicos. No es un regalo ni una campaña de marketing; Fue lucha, planificación y resistencia, no fue una proyección sino un veredicto que afectó a toda una generación y hoy, sin embargo, compite en el mismo espacio de promociones, filtros y mensajes como “Día para consentirlas o feliz día”.


 

De acuerdo, con el canal de noticias N+ en 2024 se registraron 807 casos de feminicidios a nivel nacional de 2 a 3 diarios esto no es una coincidencia. Las redes sociales simplifican, premian el cariño, lo compartible y lo rápido. Una buena opinión es más importante que una estadística inconveniente y es más probable una imagen estética que un análisis estructural de todos los asesinatos de esas mujeres. Los algoritmos no entienden de memoria histórica; comprende las interacciones. Así el 8M puede convertirse en una cita amable, comercial, casi decorativa.  

Analizar el 8M, implica entonces reflexionar acerca del papel de la comunicación como un instrumento para transformar la sociedad y confrontar los símbolos que estructuralmente fueron planteados. El 8M, sirve de recordatorio no de los triunfos femeninos sino de lo que la sociedad todavía adeuda. Ya basta de felicitaciones y más presupuesto, basta de flores, queremos más seguridad; menos promesas y más igualdad. ¡No desaprovechemos nuestra sensibilidad social por una imagen bonita! La pelea feminista precisa de nuestro saber, de nuestra conciencia, e igual de nuestra memoria histórica.

 



Dab García. Es licenciada en Comunicación con un fuerte compromiso por promover la responsabilidad social. Defensora de la igualdad y el respeto a los derechos humanos como principios que no deben ponerse en negociación. Analista de fenómenos sociales invitando a la reflexión crítica con una mirada más consciente y humana sobre la realidad que compartimos.